EL INFIERNO
Han
convertido a mi tierra
en
sucursal del infierno,
apóstatas
sin conciencia,
embajadores
del miedo.
Como
una horda maldita
arrasaron
nuestro suelo,
como
modernos Atilas,
pisaron
y destruyeron.
Se
ensañaron con mi patria
acabando
con lo bueno,
de sus
entrañas brotaban
los mas
ruines sentimientos.
Son
emisarios del diablo
que
aniquilan a mi pueblo,
clavando
inmisericordes
los
tridentes en sus pechos.
Miles
los encarcelados,
miles
los que han sido muertos,
millones
los desterrados,
millones
viven hambrientos.
Miles
que aterrorizados
huyendo
del feroz fuego,
fúganse
en débiles balsas
ahogándose
en el océano.
Se
queda pequeño Dante
con su
muy célebre infierno,
pues
éste no es comparable
al que
allá se está sufriendo.
Cástulo
Gregorisch
12/18/03
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